viernes, 1 de mayo de 2015

Huelga indefinida de los técnicos de Telefónica: la revuelta contra la precariedad.

En 2007 se produjo en Barcelona la primera revuelta de personal subcontratado de Telefónica-Movistar, y se convocó la primera asamblea general conjunta del personal de las contratas y de la empresa matriz. La asamblea surgió de la necesidad de coordinar la acción colectiva de las diferentes plantillas que trabajan para Telefónica. La estrategia de Telefónica-Movistar de externalizar el trabajo estable en cadenas de empresas subcontratadas supone una de las principales amenazas para responder sindicalmente a las agresiones de las empresas a las condiciones laborales de las y los trabajadores, divididos en una retahíla de empresas inacabable. Esta lucha terminó con la intervención de CCOO y UGT para abrir una mesa de negociación del subsector de telefonía en el convenio del Metal con la patronal de Catalunya, que es donde se produjo la huelga. Una vez la huelga fracasó, entre otras cosas por las expectativas de esa mesa, nunca más se volvió a reunir.

Vayamos a los inicios. Desde su privatización en 1996, Telefónica-Movistar ha destruido cerca de 50 000 puestos de trabajo directo mediante programas de prejubilaciones voluntarias, firmados por la mayoría sindical, y ha generado cientos de miles de empleos precarios mediante subcontratación. Su plantilla directa es actualmente de unos 20 000 trabajadores y trabajadoras, y según datos de la propia empresa, la plantilla indirecta abarca a más de cien mil. Las luchas atomizadas y a destiempo que se han llevado a cabo durante los últimos años, tanto en la empresa matriz como en las diferentes contratas y subcontratas, no han podido evitar ninguna de las agresiones. Ni los despidos por bajas médicas y pérdida de condiciones laborales en la matriz, ni los despidos masivos y la devaluación vertiginosa y escandalosa de las condiciones laborales del personal subcontratado. La fragmentación en una miríada de plantillas deja sin eficacia el derecho a huelga cuando las convocatorias se realizan de forma no coordinada en las distintas empresas. Telefónica-Movistar siempre tiene gente disponible en la matriz y en las demás contratas, subcontratas y autónomos para cubrir el trabajo de los huelguistas.

En febrero, la asamblea de contratas y Telefónica de Barcelona, reunida de forma estable y periódica desde la lucha del 2007, debatía sobre la necesidad de coordinarse con el personal autónomo para llevar a cabo cualquier movilización con perspectivas de éxito. Un mes más tarde, el 17 de marzo, recibíamos con expectación las fotos de una asamblea de más de 400 personas subcontratadas y falsos autónomos de Telefónica-Movistar en Madrid. Lo que intentábamos lograr en Barcelona, estaba ocurriendo en Madrid de forma auto organizada. En esa asamblea, convocada con las herramientas que proporcionan las nuevas tecnologías, las y los trabajadores, dando muestras de una gran clarividencia, decidieron ponerse en huelga indefinida, no sólo contra las empresas que jurídicamente los tienen contratados, sino también contra la empresa receptora, en última instancia, de la plusvalía de su trabajo. La huelga convocada en Madrid suponía un salto cuantitativo y cualitativo en la línea de las movilizaciones que llevábamos realizando en Barcelona y que tuvieron como fruto la primera huelga conjunta de contratas y empresa matriz el 30 de junio de 2014. Si en junio en Barcelona el personal de subcontratas y autónomo se sumaban de forma minoritaria a la huelga que siguieron de forma mayoritaria el personal asalariado de contratas y buen número de trabajadores y trabajadoras en la empresa matriz, en Madrid el personal de las subcontratas y falsos autónomos se puso en huelga indefinida con un seguimiento de entre un 80% y un 90%.

El detonante del conflicto fue la intención de Telefónica-Movistar de volver a reducir el precio del trabajo a sus contratistas en el contrato mercantil en un momento en el que plantillas de subcontratas y falsos autónomos ya están cobrando salarios brutos de 800€ y trabajando jornadas de 10 o 12 horas diarias, muchas veces con contratos de 2 o 4 horas.

El sindicato AST dio cobertura legal para la huelga de la comunidad de Madrid y estatal. Desde la asamblea de Barcelona nos pusimos de inmediato en comunicación con Madrid. La noticia de la asamblea y la huelga, la coordinación por multiconferencia de representantes de comités de Telefónica de co.bas, Encontrucció, CGT, ESK, de representantes de comités de contratas críticos con la postura de CCOO y UGT, de personal de subcontratas y autónomos, provocaron una reacción en cadena y se sucedieron asambleas en distintas provincias del estado que decidían mayoritariamente sumarse a la huelga indefinida. La huelga de AST empezó a ser atacada por UGT y CCOO que la tachaban de ilegal, incluso antes de que lo hiciese la patronal, por lo que se pidió desde las asambleas que CGT y co.bas reforzaran la convocatoria. Ante la contundencia de una huelga indefinida seguida por personal de contratas, subcontratas y personal autónomo, que está teniendo una fuerte incidencia en afectación del servicio de Telefónica-Movistar, los sindicatos oficiales no pudieron hacer como los medios de comunicación y mirar a otro lado y convocaron huelgas de paros de dos días a la semana.

Las asambleas rechazan esas convocatorias, que consideran ineficaces para afectar al servicio y exigen a CCOO y UGT, que están negociando con la patronal a espaldas de las asambleas, que lleven a la mesa de negociación su propuesta de borrador para la negociación (que será presentada públicamente próxima la semana) y que tiene como puntos básicos la derogación del actual contrato mercantil entre Telefónica y sus contratistas y la inclusión en el nuevo contrato de baremos que garanticen a salarios dignos y jornadas de no más 40 horas semanales o 1650 anuales, la apertura de un proceso de negociación para la configuración de un convenio de sector de las telecomunicaciones, una reducción significativa de la subcontratación ampliando las plantillas de las principales contratas directas y la garantía que no habrá ningún despido por represión una vez desconvocada la huelga.

Tras un mes de huelga indefinida en Madrid y tres semanas en el resto del Estado, la estrategia de Telefónica parece ser la de esperar. Esperar a que los huelguistas se cansen al ver que no ocurre nada. La empresa mantiene un fuerte cerco mediático para que el conflicto no se visibilice pero la información se filtra y a medida que eso ocurre, aumenta el apoyo social a la huelga. La dirección está nerviosa, y el nerviosismo se traslada a los trabajadores de plantilla fija y telemárqueting, que reciben órdenes de no mencionar la huelga a los clientes que reclaman. Los trabajadores directos e indirectos se ponen en contacto con los comités de huelga para solidarizarse y comunicarles que tienen mucha presión pero que sigan adelante, que su lucha es la de todos.

La empresa intenta cubrir el servicio afectado con personal de plantilla que hacía años que no reparaba averías, vulnerando el derecho de huelga. Las denuncias a la Inspección de Trabajo están en curso, pero la legalidad no evitará el esquirolaje de la plantilla matriz.

Parece la tormenta perfecta que cualquier sindicalista combativo estaría esperando, las plantillas fragmentadas y precarizadas de cientos de empresas luchando juntas contra la empresa matriz y, sin embargo, al puzzle le falta una pieza clave, la plantilla directa. Después de un mes, tan solo ha habido una convocatoria de un día en Barcelona realizada por la plataforma de trabajadores y trabajadoras, EnConstrucció. Ahora, se ha lanzado una nueva propuesta para conseguir involucrar al personal técnico de plantilla directa en la movilización. Los sindicatos en la empresa matriz vacilan ante el miedo de que la plantilla directa no se sume en masa a la movilización, midiendo el éxito de la movilización en parámetros caducos, como el % de participación y sin valorar el carácter pedagógico y simbólico de esta adhesión. Sin embargo, el momento de apoyar por todos los medios esta lucha es ahora, ya que si es derrotada, tardaremos muchos años en ver un escenario parecido, en las que todo el personal técnico directo e indirecto puede estar en huelga en Telefónica-Movistar y hacer que la todopoderosa multinacional se siente a negociar mejores condiciones para todos.
 
Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article10017

jueves, 26 de junio de 2014

En Telefónica, golpearemos juntas

[Traducción del artículo publicado en la sección Impressions del semanario La Directa nº 367 el 25 de junio de 2014]

[En català]
Ilustración: Sergi Bertran

Telefónica tiene una plantilla fija de 20.000 personas y cerca de 100.000 subcontratadas en el Estado. Parte de esos trabajadores, la plantilla de Cotronic de Barcelona, que trabaja instalando y reparando líneas para Telefónica, están en plena movilización desde el pasado abril. Lo que nació como una lucha para frenar el deterioro de las condiciones laborales en la empresa se ha convertido tras dos meses, gracias a la coordinación sindical entre contratas y empresa principal, en un conflicto contra la destrucción de empleo digno que supera el marco concreto de Cotronic y afecta al conjunto de trabajadores subcontratados y en plantilla de Telefónica.

Ni la primera huelga del 29 de abril, con un seguimiento cercano al 90%, ni las jornadas de huelga posteriores el 29 y 30 de mayo, con seguimientos del 60%, han conseguido que la empresa se siente a negociar. De momento la única reacción de Cotronic han sido siete despidos y amenazas a los huelguistas de que no volverían a trabajar en ninguna de las contratas de Telefónica.

Que la dirección de la empresa no se siente a negociar con una plantilla en pie de guerra, unida, con una actitud combativa y valiente pese a la represión, solo se comprende por el nivel de subcontratación de la empresa. Cotronic tiene 85 trabajadores en nómina y un centenar de trabajadores subcontratados, la mayoría falsos autónomos. Falsos emprendedores que resultan a la empresa más baratos aún que su plantilla mileurista, que trabajan 10h o 12h diarias sin quejarse, cuyos accidentes laborales no computan en la accidentabilidad laboral de la empresa y no se organizarán para una huelga, menos aún por las condiciones laborales de una plantilla que la subcontratación hace que consideren su competencia. Por qué va a sentarse a negociar Cotronic con una huelga que están haciendo a efectos prácticos un 25% de su mano de obra.

La situación en Cotronic se reproduce tanto en las contratas de Telefónica como en la empresa principal. Las empresas siguen una estrategia de destrucción de plantillas fijas y substitución de éstas por cadenas de subcontratación en las en que cada nuevo eslabón somete a sus trabajadores a condiciones laborales más precarias. Hace tres años Cotronic tenía en plantilla a unos 190 trabajadores, ahora ya son sólo 85, en Cotronic Madrid ya solo quedan 20; Telefónica ha destruido 50000 empleos dignos. Externalizando el trabajo estable, Telefónica y sus contratas reducen costes laborales y flexibilizan la mano de obra, pero esa no es la mayor ventaja que extraen de la subcontratación. La gran ventaja es que subcontratando levantan muros invisibles entre los trabajadores con diferentes condiciones laborales y mina así nuestra capacidad de organizarnos.

Subcontratados y fijos de Telefónica trabajamos codo con codo, en el mismo espacio, haciendo el mismo trabajo, para la misma empresa final, lo que nos separa es que un constructo legal, la subcontratación, hace que nos interpretemos unos a otros como competencia. El sindicalismo cotidiano en Telefónica respeta y apuntala esos muros invisibles pero el conflicto de Cotronic, recogiendo los frutos de un arduo y largo trabajo de otra forma de entender el sindicalismo, está dinamitando las fronteras.

Haciendo caso omiso de que no estamos oficialmente en la misma empresa ni el mismo sector, delegados sindicales de diferentes organizaciones de Telefónica y sus contratas colaboramos activamente en la movilización, repartiendo comunicados, organizando asambleas conjuntas, compartiendo recursos. En la última ronda de asambleas de comité de Telefónica Barcelona trabajadores de plantilla y subcontratados nos juntamos por primera vez para hablar de la problemática. Algo inaudito en el sindicalismo telefónico y que ha alertado mucho a la empresa, que amenazó con sanciones si los trabajadores subcontratados entraban en centrales donde no trabajan habitualmente. Ni siquiera permitieron que estuvieran en el vestíbulo, detrás de los tornos, donde puede entrar cualquier otra persona.

Los esfuerzos por extender el conflicto de lo concreto a lo general se materializarán en una primera huelga conjunta en las contratas y en Telefónica el 30 de junio en la provincia de Barcelona. Aunque aún no disponemos de tejido social suficiente para que paren las cerca de 40000 personas que trabajamos para Telefónica en una modalidad contractual u otra estamos llamadas a la huelga contra la destrucción de empleo digno, caminamos hacia ello. Exigimos que las empresas que se limite la subcontratación, que los despedidos sean inmediatamente readmitidos, el despido improcedente opción del trabajador, subrogación de personal. Y sobre todo, exigimos a las contratas que trabajadores subcontratados y autónomos pasen a plantilla.

La lucha por la incorporación en plantilla del personal subcontratado aparece en el actual escenario de balcanización de la mano de obra como el único elemento capaz de aglutinar los intereses de los cientos de miles de trabajadores de Telefónica y sus contratas. Supone comprender que la estrategia del capital es buscar la manera de que no encontremos objetivos comunes para que no sepamos cómo luchar juntos. Equivale a superar la interpretación capitalista del otro como competencia y reconocerlo como compañero de pleno derecho, como el mejor aliado para golpear juntos contra la injusticia hecha multinacional. El 30 de junio en Telefónica empezaremos a golpear juntas.

sábado, 6 de julio de 2013

Entrevista a Óscar Murciano (CGT) sobre la huelga en HP, la más importante en el sector de las TIC

[En català]

La plantilla de Hewlett Packard lleva tres años intentando frenar las agresiones de una dirección empeñada en aprovechar las oportunidades que le brinda la ley para reducir costes laborales y poder mantener así sus beneficios a pesar de la crisis. A principios de junio de 2013 tuvo lugar un nuevo pulso entre los y las trabajadoras de HP, y la dirección de la multinacional. 

La huelga que sostuvieron los y las trabajadoras de HP del 3 al 10 de junio se considera la huelga más importante hasta la fecha en el sector de las TIC. La huelga, convocada como indefinida, fue la contundente respuesta al nuevo intento de agresión de la multinacional, que pretendía imponer a la plantilla recortes salariales de un 10% y modificaciones de las condiciones laborales mediante la aplicación del artículo 41 del Estatuto de los trabajadores, según el cual “la empresa puede acordar modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo para prevenir una evolución negativa de la empresa o mejorar la situación.” 
 Óscar Murciano es trabajador de HP y miembro de comité de empresa por CGT. También forma parte de la coordinadora Informática CGT, que está realizando una labor ejemplar aprovechando las oportunidades que brindan las redes sociales para la lucha sindical. Entrevisto a Óscar el 18 de junio, una semana después de la desconvocatoria de la huelga. El final de la huelga fue complicado. Se había conseguido evitar la reducción salarial pero muchos y muchas trabajadoras consideraban que había que seguir luchando para conseguir la retirada completa del paquete de medidas.
Pregunta: Óscar, ha transcurrido ya una semana desde el fin de la huelga. ¿Cómo está el ambiente en el centro de trabajo?
Óscar Murciano: El ambiente está muy tenso. Hoy mismo hemos recibido la visita en la planta de uno de los máximos directivos de la empresa. Nos ha reunido a todos, unas seiscientas personas, han intentado justificar las medidas, nos han dicho que no puede haber tanta conflictividad, que los sindicatos tienen que “ser responsables”, que tenemos que aceptar que “esto es lo que hay”, que esta huelga les ha hecho muchísimo daño...
P.: Hace años que estáis movilizados contra las agresiones de la empresa. ¿Cómo ha sido el proceso que os ha llevado a esta huelga?
O.M.: Durante los tres últimos años se ha ido generando un clima malestar intenso. Hemos tenido que soportar muchas injusticias. La empresa ya ha despedido a un total 260 personas y los trabajadores sienten que en cualquier momento pueden perder su trabajo. Los últimos despidos fueron en febrero, 60 personas. Volvimos a movilizarnos, hicimos manifestaciones, media jornada de huelga... Y la empresa respondió en mayo con una nueva agresión, intentando aplicar el artículo 41 para recortar salarios y empeorar las condiciones laborales. Entonces es cuando la gente dijo “basta ya” y fue cuando estalló la indignación.
P.: ¿Cómo valoras la huelga respecto a la participación?
O.M.: Cuando despidieron a las 60 personas en febrero se empezó a notar un cambio en la participación. Venía más gente a las asambleas. Las concentraciones y manifestaciones, pese a no ser masivas, empezaban tener más afluencia. La participación en la media jornada de huelga también fue bastante positiva.
Las asambleas que convocamos cuando nos comunicaron la aplicación del artículo 41 han sido de las más masivas que se han celebrado en HP. Hablamos con CCOO para decirles que desde CGT la única respuesta que veíamos posible era la huelga indefinida. Teníamos claro que teníamos que ir conjuntamente porque la falta de unión desmoraliza mucho a la plantilla. Aunque en nuestra empresa siempre han hecho un papel muy moderado,  CCOO y UGT son conscientes del cambio de actitud de los trabajadores y trabajadoras, así que no se negaron. La propuesta de huelga indefinida se aprobó mediante voto secreto por un 90% en una las mayores asambleas que hemos vivido, de unas cuatrocientas personas.
El primer día de huelga fue muy emocionante ver cómo iba viniendo más y más gente al piquete. Sabíamos que vendrían bastante trabajadores pero ver a 300 personas en un piquete impresiona. Sinceramente, [sonríe bromeando] yo no había visto nunca a un informático en un piquete. Además un nivel de combatividad muy fuerte. En fin, pasó como en el 15M, que vas tragando, te resignas... Pero llega un momento en que la indignación explota y eso fue lo que pasó en HP.
El resto de días continuaba viniendo mucha gente. Cada día decidíamos en las asambleas qué íbamos a hacer el día siguiente. Nos planteábamos la huelga indefinida como un “vamos a hacer cosas y a aguantar un día más”. Un día nos íbamos a Barcelona a la sede de clientes, otro nos íbamos al Parlament de Catalunya, donde nos esperaban algunos diputados que nos apoyaban. Íbamos cambiando, proponiendo acciones o actividades para evitar que la rutina nos desmovilizara.
Una de las partes más bonitas es que, después de estar muchas horas juntos, ibas a tomar una cerveza y veías los bares llenos de grupos de gente de HP. Se ha hecho más grupo en esta semana que en diez años, porque en HP la gente cuando acaba la jornada laboral coge el coche y se va a su casa.
P.: ¿Cómo ha sido el proceso de negociación con la empresa? ¿Y cómo se llegó a la desconvocatoria sin la retirada completa de las medidas?
En el proceso ha habido muchísima tensión. La actitud de los y las trabajadoras era muy tajante. Exigían la retirada completa del paquete de medidas. Durante el proceso de negociación con la empresa, CCOO y UGT mostraron su disposición a pactar, a aplicar la “lógica del mal menor” aceptando reducción de salarios en escalas salariales altas, por ejemplo. Sin embargo, a medida que avanzaba la huelga, las posturas de los y las trabajadoras se hacía más firme y eso presionaba a CCOO y UGT para no pactar.
La desconvocatoria ha sido muy polémica y ha dejado un sabor agridulce. Una vez conseguida la retirada de la rebaja salarial, CCOO propuso que la continuidad o desconvocatoria se pudiera votar por email. Su argumento era que hay muchos centros a donde es muy difícil llegar, así que se aceptó la propuesta. Sin embargo, nos dimos cuenta de que eso abría la puerta a que pudiesen votar también gerentes y directivos, así que nos lo replanteamos y sometimos a votación de las asambleas si aceptábamos el voto por correo electrónico. En las asambleas de Barcelona y Zaragoza se votó en contra, así que allí no contabilizamos el voto por email. Sin embargo, CGT no está en Madrid, y allí, que sí se aceptó, el resultado fue apabullante en contra de la huelga. En los centros de Zaragoza y Sant Cugat los y las trabajadoras votaron a favor de continuar la huelga, pero la diferencia de Madrid desequilibró la balanza a nivel estatal.
CCOO y UGT rápidamente comunicaron la desconvocatoria de huelga. Era viernes y muy tarde, así que decidimos esperar y convocar asambleas para comunicar que considerábamos que la empresa había intervenido en la decisión de los trabajadores y permitir que las asambleas pudieran tomar una decisión en base a esos acontecimientos.
Informamos de lo ocurrido, pero cuando lo explicamos nos dimos cuenta de que los ánimos se habían desinflado completamente. Había un núcleo de unas 300 personas con mucha fuerza, dispuestas a seguir. Pero sabíamos que con sólo 300 personas no podíamos seguir luchando, que no conseguiríamos nada más que frustración y quedar con la sensación de que aquello no tenía sentido. Estábamos haciendo huelga por una cuestión de dignidad y no tenía sentido si no la hacíamos todos.
P.: ¿Han salido los y las trabajadoras del proceso con confianza en la huelga como herramienta de lucha eficaz?
O.M.: Hemos salido con un regusto amargo porque se quería la retirada total, sin paliativos, y la gente era muy consciente de su poder y de su fuerza. Está bien, porque se ha conseguido evitar la reducción salarial pero se han firmado modificaciones importantes en cuanto a jornada laboral, en cuanto a disponibilidades.
Sin embargo, la sensación de que la huelga es efectiva es total. Pero con un matiz, la gente tiene claro que es eficaz la huelga indefinida. Yo creo que si planteásemos una huelga de un día no llegaríamos ni al 50% de participación. La gente considera que una huelga de un día no sirve para nada. Y hasta cierto punto, por lo menos en este sector, tienen razón.
La huelga indefinida ha supuesto un antes un después. Tanto en movilización y ganas de lucha, como en cuanto a conciencia. Era emocionante ver, por ejemplo, cómo los mismos trabajadores, sin que nosotros dijéramos nada, se iban a parar el tráfico. Cogían folios y se iban a parar el tráfico a la rotonda.
P.: ¿En un sector con un nivel tan alto de externalización, hasta que punto la huelga impacta en el servicio?
El problema es que nuestro trabajo es muy deslocalizable, apagan un interruptor y lo encienden en Bulgaria, literalmente. Algunos trabajos se pueden sustituir así, otros necesitan entrenamiento y les resulta más complicado. Pero cuando una plantilla, sobre todo en el sector de los servicios informáticos, se pone en huelga con un seguimiento superior al 85% no hay medida que pueda evitar el impacto.
Esa era una de las problemáticas que surgían cuando planteábamos la huelga a CCOO. Se resistían a convocarla porque argumentaban que con una subcontratación del 40% no habría afectación alguna. Sin embargo, nosotros estábamos convencidos de que si éramos muchos el impacto sería incuestionable. Y así ha sido.
Han caído varios sistemas; ha habido problemas prácticamente en la gran mayoría de clientes, de orden menor, y algunos de orden mayor. Pero los sistemas informáticos se aguantan porque hay muchísima gente trabajando en ellos, sino no se aguantan. Además HP trabaja para empresas claves del sistema: Gas Natural, RENFE, entidades financieras, Generalitat...
P.: Ha habido varias convocatorias de huelgas indefinidas en empresas TIC en pocos meses, ¿consideras que algo se está moviendo en el sector?
O.M.: Bueno, hay una dinámica de las empresas que consiste en descargar las presiones de los clientes sobre los trabajadores. Los trabajadores en este sector hasta ahora no estaban movilizados, tenían buenos sueldos, buenas condiciones. Pero ahora están viendo una cara de las empresas muy cruel y eso está causando una ebullición, otra manera de hacer las cosas.
Todo empezó con la huelga indefinida que convocó Capgemini. Eso generó un cambio, la convicción de que sí se puede. Ahora cuando las empresas anuncian medidas de ajuste, todo el mundo se plantea la huelga indefinida. Después quizá no se acabe convocando, pero siempre aparece como posibilidad. Ha ocurrido en Alten, donde empezó una huelga indefinida que duró dos días. También en Atos, donde se quería aplicar un artículo 41. Se convocó huelga indefinida en Barcelona y al final se retiró el artículo.
Además hay otra cosa y es que entre los informáticos siempre ha habido un mito. Siempre nos decíamos unos a otros: “Uy, el día que paremos todos aquí no se va a mover nada”. Pero, cuando haces un par de huelgas indefinidas como ésta, el mito se convierte en realidad. La gente se da cuenta de que es verdad, de que si paramos se para todo. Y entonces se contagia. Se está produciendo un efecto contagio, y ya veremos qué pasa porque aquí el sindicalismo institucional de CCOO y UGT está en una posición incómoda que no les gusta nada.
Siempre tienen un discurso muy moderado pero cuando las cosas se agitan tanto, cuando las cosas están mal, para la gente es un insulto que apelen a la responsabilidad. Y no lo decimos nosotros. Nosotros no hemos instigado a la gente. Eran los trabajadores quienes decían “hay que moverse” y nosotros les decíamos “pues claro que hay que moverse”. La gente está harta. Las asambleas de trabajadores hacían lo que querían. Llega un momento que toman el control y ya no toleran que sus representantes se muevan un milímetro de lo que han decidido en asamblea.
P.: Con la coordinadora informática CGT estáis haciendo un buen trabajo en la red. Sois ya un referente del movimiento obrero en las redes sociales. ¿Qué aportan al movimiento obrero las nuevas herramientas de comunicación?
O.M.: La movilización en la red tiene muchas dimensiones. Una de ellas, y muy importante es la difusión. Ya no necesitas, o necesitas menos, a los medios de comunicación porque muchísima gente se entera de lo que está pasando a través de las redes sociales. Si tienes un buen impacto en las redes sociales, sobre todo en nuestro sector, prácticamente ya da igual salir en el telediario o no. Todo el mundo en nuestro sector sabe lo que ha ocurrido en HP y apenas hemos salido en los medios.
Otra dimensión es la de ataque. Hay muchas maneras de presionar a la empresa. Puedes hacer presión con una huelga, con una manifestación, con cualquiera de las herramientas habituales. Las acciones en las redes sociales son otra forma de presión. Si hay un mínimo de solidaridad se pueden hacer acciones importantes. Es es una baza más que tenemos para el sindicalismo. Tenemos una baraja de instrumentos de presión y las redes sociales son uno más.
La tercera dimensión es que son un factor de aglutinamiento. Estamos muy dispersos. Los trabajadores cuanto más agrupados estemos mejor, más nos conocemos y más solidaridad se genera. Antes era muy sencillo  porque estábamos concentrados todos en grandes centros de trabajo. Pero ahora las plantillas son más precarias. Un día te echan de un centro de trabajo; otro día te trasladan a otro. El trabajo ya no lo hace una sola empresa, sino que está repartido entre muchas otras. Nos han fragmentado. Y si no reaccionamos, tenemos un debilitamiento sindical importante. Las redes sociales, de forma limitada, ayudan a conectar a gente que está separada físicamente. Mediante la red social gente con los mismos intereses entra en contacto. Es una herramienta para intentar mitigar un poco la individualización que produce la precariedad y la fragmentación en el trabajo.
Hay que analizar cada situación para saber como combinar esas tres dimensiones. Pero una cosa está clara, antes no estaban y hay que sacarles partido.
Fuente: http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article28621

lunes, 21 de enero de 2013

Marx: el regreso del gigante


[Traducción del artículo "Marx: the return of the giant" de Marcello Musto para Marxismo Crítico]

Si la eterna juventud de un autor radica en su capacidad de seguir estimulando nuevas ideas, entonces podemos decir sin lugar a dudas que Karl Marx sigue siendo joven.

Tras la caída del muro de Berlín, conservadores y progresistas, liberales y socialdemócratas, casi de forma unánime decretaron la desaparición definitiva de Marx. Sin embargo, sus teorías vuelven a estar otra vez de rabiosa actualidad, y esto ha ocurrido a una velocidad que es, a todas luces, sorprendente. Desde 2008, la crisis económica en curso y las profundas contradicciones que están desgarrando la sociedad capitalista, han hecho resurgir el interés en un autor arrinconado de forma precipitada después de 1989. Centenares de periódicos, revistas, canales de televisión y de radio se han hecho eco de los análisis que Marx hizo en El Capital y en los artículos que escribió para “The New-York Tribune” mientras observaba el pánico de 1857, la primera crisis financiera internacional de la historia.

Después de veinte años de silencio, en muchos países se vuelve a escribir y a hablar sobre Marx. En el mundo anglosajón las conferencias y cursos universitarios sobre su pensamiento se han puesto otra vez de moda. El Capital vuelve a ser un best-seller en Alemania, y en Japón se ha editado una versión manga de la obra. En China se está publicando una nueva edición, inmensa, de sus obras completas (traducidas del alemán y no, como en el pasado, del ruso). En América Latina se palpa un renovado interés por Marx entre las y los activistas políticos.

El frente académico ha acompañado este redescubrimiento retomando la edición histórico crítica de las obras completas de Marx y Friedrich Engels, la MEGA 2. La nueva edición alemana está organizada en cuatro secciones: (1) obras y artículos; (2) El Capital y todos sus manuscritos preparatorios; (3) correspondencia, y (4) cuadernos de notas. De los 114 volúmenes previstos, 58 ya se han publicado (18 desde que se retomó el proyecto en 1998). El proyecto ha publicado muchas de las obras inacabadas de Marx en el estado en que las dejó, en lugar de publicar los textos con las modificaciones editoriales que experimentaron como se solía hacer en el pasado.

Gracias a esta valiosa innovación y a la publicación de varios cuadernos inéditos, emerge un Marx muy distinto al que nos han presentado muchos de sus oponentes y de sus supuestos seguidores. La estatua de expresión inmutable que señalaba el camino al futuro con certeza dogmática desde las plazas de Moscú y Pekín ha dado paso la imagen de un pensador profundamente autocrítico, que dejó gran parte del trabajo de toda una vida inacabado por su necesidad de consagrar energía a seguir estudiando y revisando sus argumentos.

Así, algunas de las interpretaciones consolidadas de la obra de Marx están siendo nuevamente objeto de debate. Por ejemplo, las primeras cien páginas de La ideología alemana – un texto sobre el que se discutió mucho durante el siglo XX pero que casi siempre se ha considerado acabado – se han publicado ahora en orden cronológico y en su forma original, siete fragmentos separados. Se ha descubierto que formaban parte de otras secciones del libro, dedicado a dos autores de la izquierda hegeliana, Bruno Bauer y Max Stirner. La primera edición, publicada en Moscú en 1932, sin embargo, así como las numerosas versiones posteriores que cuentan sólo con ligeras modificaciones, crearon la falsa impresión de que había un capítulo introductorio sobre Feuerbach en el que Marx y Engels sentaron de forma exhaustiva las leyes del materialismo histórico (un término que Marx nunca utilizó) o, como dijo rotundamente el marxista francés Louis Althusser, conceptualizaron “una ruptura epistemológica inequívoca, claramente presente en la obra de Marx”

Otro interesante aspecto de esta edición es que distingue con mayor claridad entre las partes del manuscrito escritas por Marx y las escritas por Engels, lo cual lleva a una lectura muy diferente de ciertos pasajes que se solían considerar como un todo integrado.

Por ejemplo, el párrafo que diversos autores, unos motivados por la crítica feroz y otros por la defensa ideológica, han considerado como una de las principales descripciones de Marx de la sociedad postcapitalista: “la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar…”

Ahora sabemos que este fragmento fue obra de Engels (todavía entonces influenciado por los socialistas utópicos franceses) y que no contaba en absoluto con el beneplácito de su mejor amigo.

Los nuevos textos incorporados son también importantes para El capital, la obra magna de Marx. En los últimos diez años se han publicado cuatro nuevos volúmenes de la MEGA2 que contienen todos los borradores que faltaban en los volúmenes II y III de El Capital (que Marx dejó inacabado). Así, podemos reconstruir todo el proceso de selección, redacción y corrección que Engels efectuó al editar los manuscritos de Marx. Engels realizó varios miles de modificaciones (una cifra impensable hasta hace muy poco) durante un largo período de trabajo que va desde 1883 hasta 1894. La MEGA2 nos permite ver qué modificaciones fueron más significativas y determinar dónde, por el contrario, fue capaz de ser más fiel al texto original de Marx – que en absoluto podía ser presentado como el producto acabado de su investigación, ni siquiera las páginas dedicadas a la famosa ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Relegar a Marx al estatus de clásico embalsamado, indicado sólo para la investigación académica especializada sería un error de la misma envergadura que convertirlo en la fuente doctrinaria del “socialismo real”. Ya que, en realidad, sus análisis nunca han gozado de mayor vigencia. Cuando Marx escribió El Capital, el modo de producción capitalista estaba todavía en una fase temprana de su desarrollo. Hoy en día, tras el colapso de la Unión Soviética y su expansión a nuevas regiones del planeta (sobre todo a China), el capitalismo se ha convertido en un sistema global que invade y configura todos los aspectos (no solo los económicos) de la existencia humana. En estas circunstancias, las ideas de Marx están demostrando ser más fértiles de lo que lo fueron en su época.

Además, actualmente la economía no sólo domina la política, dictando su agenda y determinando sus decisiones, sino que se halla fuera de su jurisdicción y control democrático. En las últimas tres décadas, los poderes de toma de decisiones se han trasladado inexorablemente de la esfera política a la económica. Las posibles decisiones políticas se han transformado en imperativos económicos. Esta subordinación de la esfera política a la economía, como si fuera un dominio aislado inmune al cambio, encierra actualmente la más grave de las amenazas a la democracia. Los parlamentos estatales son despojados de sus poderes, que se transfieren a los mercados. Los spread del crédito, las calificaciones de Standard & Poor’s y el índice de Wall Street – esos megafetiches de la sociedad contemporánea – tienen infinitamente mayor influencia que la voluntad de las personas. En el mejor de los casos, el gobierno político puede “intervenir” en la economía (cuando es necesario mitigar la anarquía destructiva del capitalismo y sus violentas crisis), pero no puede cuestionar sus reglas y sus decisiones fundamentales.

Tras veinte años en los que los cantos de alabanza a la sociedad de mercado sólo tuvieron que enfrentarse a la vacuidad de los diversos posmodernismos, la capacidad renovada de otear el horizonte a hombros de un gigante como Marx supone un avance positivo. No sólo para los académicos interesados en la comprensión profunda de la sociedad contemporánea, sino también para cualquiera que esté inmerso en la búsqueda teórica y política de una alternativa democrática al capitalismo.

Marcello Musto es profesor de teoría política en la York University (Toronto) y editor de los volúmenes: “Tras las huellas de un Fantasma” (Siglo XXI, México: 2011), “Karl Marx’s Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years After” (Routledge, London and New York: 2008) y “Marx for Today” (Routledge, London and New York: 2012). www.marcellomusto.com .