viernes, 21 de diciembre de 2012

Una Marea Azul contra los despidos



[En català]
El martes 18 de diciembre la indignación de los trabajadores y trabajadoras de Telefónica por la política laboral inhumana de la empresa, volvió a ocupar las calles. La marea azul se extiende y, esta vez el grito contra los despidos por bajas médicas justificadas en Telefónica se dejó oír en diversos puntos del estado español, con concentraciones en Bilbo, Girona, Madrid, Granada, entre otras ciudades.
En Barcelona la acción consistió en un nuevo Flashmob Sí, soy Rentable, el Flashmob 2.7. Unas 150 personas paramos el tráfico de la Pza. Francesc Macià en formación silenciosa durante diez minutos, bajo la mirada vigilante de los antidisturbios, y vestidas con la que hemos hecho insignia de nuestro movimiento, la camiseta azul. Esta vez un nuevo símbolo era protagonista, un símbolo que ha nacido en el desarrollo de la lucha y que a partir de ahora mostraremos orgullosamente: un Stop Despidos azul – está claro, señores directivos, queremos apropiarnos del color de Movistar para devolverle la dignidad que sus políticas le están robando. Queremos que el azul no sea el color de un modelo empresarial socialmente nocivo, sino que sea un color para la esperanza, como lo es el verde de la PAH, el blanco de la sanidad o el amarillo de la educación.

El Flashmob del 18D estaba convocado frente al edificio del Grupo Godó para denunciar la censura mediática que impone Telefónica-Movistar mediante el chantaje de la publicidad y que ha hecho que una huelga de hambre de 23 días en una empresa clave en el estado español fuese totalmente ignorada. De ahí que, cuando al acabar el flashmob bajó una periodista de la La Vanguardia a entrevistarnos, una emoción casi infantil reforzó la alegría habitual con la que cerramos las acciones. Esa emoción nos llevó, una vez conquistada La Vanguardia, a dirigirnos a Catalunya Ràdio, donde conseguimos nuestra segunda victoria: otra periodista salió a entrevistarnos.

No sabemos qué pensarían los activistas del movimiento obrero del S. XIX de que sus sucesores de lucha celebremos “con ilusión” ser entrevistados por uno de los diarios más influyentes de la burguesía catalana. También sería muy interesante saber qué acontecimientos consideraba el movimiento obrero en el S.XIX como victorias parciales emocionantes: “dime qué considerar una victoria parcial emocionante en la lucha social y te diré en qué capitalismo vives”

En nuestro capitalismo de la sociedad de la información, quien no sale en los medios de comunicación de masas no existe. En el capitalismo global en crisis, un despido no es noticia. La noticia es la tasa pero no nos permiten que la noticia sea el drama de cada nueva persona que es expulsada del mercado laboral. Las personas aceptan los despidos como un mal necesario que les ha tocado sufrir por el bien de un sistema económico en vías de recuperación, según el discurso dominante. Este discurso se refleja en los comentarios de twitter de un periodista de la prensa económica que se quejaba ofendido de que hubiésemos conseguido hacer noticia de un “vulgar improcedente: “Estamos hablando de un improcedente absolutamente vulgar y nada noticioso que se ha hecho popular por un hashtag bien pensado”, decía el periodista.

Mientras nos dirigíamos a Catalunya Ràdio a visibilizar nuestro despido - porque Marcos somos todos- una compañera de luchas que no trabaja en Telefónica pero que había venido a dar apoyo nos explicaba que la acababan de despedir. El abogado me ha dicho – decía sonriente y bromeando – que ahora sois vosotros de Telefónica los que tendréis que venir a ayudarme a mí. Sin embargo, esa afirmación cargada de deseo, de ningún modo debería ser una broma. El capitalismo ha conseguido durante todos estos años fragmentar el mercado de trabajo de forma que los trabajadores y trabajadoras no podamos organizarnos para defender nuestro derecho a trabajar. Ha conseguido desarticular el apoyo mutuo.

A esta compañera que había venido a solidarizarse con los y las trabajadoras de Telefónica la han despedido de una empresa donde ella era la única trabajadora. No ha tenido la fortuna de ir a parar a una empresa como Telefónica, donde los y las trabajadoras disfrutamos de condiciones laborales dignas gracias a la lucha de generaciones anteriores; con una plantilla de más de 20.000 trabajadores, donde si despiden a una trabajadora, hay centenares de compañeros y compañeras que potencialmente pueden luchar por la readmisión. Los directivos de Telefónica, educados en la economía neoliberal, son conscientes de esa fuerza del número y la unidad; por eso, entre otras estrategias de fragmentación, han invertido mucho esfuerzo y dinero en conseguir reducir la plantilla de más de 70.000 trabajadores a 20.000. Disminuir y fragmentar la plantilla es un objetivo clave para poder desarticular el movimiento obrero dentro de la empresa; para poder impedir que hagamos acciones como la del 18D en Barcelona, coordinada con otras ciudades del estado.

Nosotros todavía somos suficientes para reunir las fuerzas y el talento necesario para presionar y presionar hasta que el despido de Marcos (y de Mari Cruz) se convierta en noticia, y de noticia, si todo va bien, en readmisión. Pero como trabajadores y trabajadoras, como personas, no podemos cerrar los ojos a lo que pasa fuera de nuestra empresa. Tenemos dos responsabilidades: luchar contra las políticas neoliberales en Telefónica y ofrecer todo nuestro apoyo a los y las trabajadoras que están en la parte del mercado laboral más castigada. Es necesario que trabajemos dura y cooperativamente para que nuestro nuevo símbolo, Stop Despidos, no sea sólo una consigna, sino una realidad social.

domingo, 18 de noviembre de 2012

¡Apoyo sin tregua!



Apoyo sin tregua de movimientos sociales, organizaciones políticas de izquierda, asambleas de barrio, sindicalismo combativo e incluso algunas secciones de CCOO y UGT. 

Apoyo sin tregua a la huelga de hambre de los trabajadores de Telefónica empezada el #5N de 2012 en Barcelona y silenciada por la censura corporativa. Tras 14 días TV3 sigue sin informar. 


sábado, 17 de noviembre de 2012

Esta vez Godot vendrá, porque Estragón y Vladimiro no están solos


ESTRAGÓN.- Hermoso lugar (Se vuelve, avanza hasta la batería y mira hacia el público.) Delicioso panorama. (Se vuelve hacia VLADIMIRO.) Vámonos.

VLADIMIRO.- No podemos.

ESTRAGÓN. -¿Por qué?

VLADIMIRO.- Esperamos a Godot

ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) ¿Estás seguro de que es aquí? 

(...)

VLADIMIRO.- ¿El qué?

ESTRAGÓN.- Donde hay que esperar.

ESTRAGÓN.- Ya tendría que estar aquí.

VLADIMIRO.- No aseguró que viniera.

ESTRAGÓN.- ¿Y si no viene?

VLADIMIRO.- Volveremos mañana.

ESTRAGÓN.- Y, después, pasado mañana.

VLADIMIRO.- Quizá.

ESTRAGÓN.-Y así sucesivamente.

VLADIMIRO.- Es decir…

ESTRAGÓN.- Hasta que venga.

VLADIMIRO.- Eres implacable.

ESTRAGÓN.- Ya vinimos ayer.

VLADIMIRO.- ¡Ah, no! En eso te equivocas.

ESTRAGÓN.- ¿Qué hicimos ayer?

VLADIMIRO.- ¿Que qué hicimos ayer?

[Esperando a Godot, de Samuel Beckett]

martes, 6 de noviembre de 2012

La huelga de hambre en Telefónica: una mirada personal desde dentro.

Segundo día de la huelga de hambre en Telefónica [1]

Los huelguistas han pasado su primera noche en la sede sindical de Telefónica en Barcelona. Dos personas se han quedado con ellos para acompañarlos. A las demás nos costó dejarlos anoche y esperábamos con impaciencia el momento de volver al centro neurálgico de todo.

Cuando llego, los huelguistas están reunidos con los médicos, luego hay rueda de prensa. En la sala algunos compañeros y compañeras están ocupados en las incontables actividades concretas que supone organizar una acción así. Vienen, van, comentan, organizan, hacen. Trabajan. Se respira buen humor y actividad incesante. La huelga la hacen sólo algunos, pero la sentimos de todos y todas. Los huelguistas también desprenden buen humor. Les preguntamos cómo están, con una preocupación quizá prematura y sonríen: - “Bien, si sólo ha pasado una noche”.



Claro, sólo ha pasado una noche, pero pronto la naturaleza se enfrentará a su conciencia y ese momento no tardará en llegar. De momento sólo sienten hambre. Pero pronto vivirán en primera persona una lucha entre cultura y natura. La cultura les empujará a seguir con la huelga de hambre como forma de protesta extrema, surgida de un hondo sentimiento de indignación ante la actitud prepotente de la empresa. Y la natura se rebelará contra la cultura e intentará imponerse a ella debilitando sus cuerpos, consumiéndolos.

Una huelga de hambre por conciencia de clase 

Muchas personas se preguntarán por qué unas personas ponen en riesgo su salud por un solo despido. Sin embargo, otras muchas comprenden perfectamente la acción y también la obsesión por romper el cerco mediático. La obsesión porque la opinión pública sepa que una empresa millonaria como Telefónica, que debería crear empleo digno, no sólo lo destruye, sino que en un acto de soberbia absoluta se niega a readmitir a un trabajador que ha ganado dos juicios, uno nulo y otro improcedente. 

Pero esta huelga va mucho más allá de la lucha por la readmisión de un compañero despedido. Estoy convencida de que las muestras de apoyo y solidaridad que estamos recibiendo, con mucha emoción, se deben a estas personas interpretan el fenómeno de este despido y nuestra reacción en términos de conflicto de clases. Así lo interpreto yo. Y así lo interpreta Carlos, delegado sindical de co.bas y uno de los huelguistas, quien considera que el hecho de que tengamos que recurrir a la huelga de hambre es una muestra de la debilidad del movimiento sindical. 
Foto: Groundpress.org 

Un grito desesperado 

Quiero saber qué le ha llevado a tomar la decisión de ponerse en huelga de hambre. Me explica que los y las trabajadoras cada vez confían menos en la eficacia de la huelga sindical como herramienta de lucha. Y hace hincapié en que se está refiriendo a la plantilla comprometida con la acción colectiva. “La gente lo expresa en las asambleas” - me dice – “les afecta ver que, a pesar de las huelgas, no se para la producción porque casi todo está externalizado. La capacidad de incidencia en la producción es prácticamente nula. No perciben ningún impacto en la empresa. Eso les va desgastando”. “La idea de la huelga – afirma - surgió como una medida extrema al comprobar que habíamos agotado todos métodos tradicionales de lucha colectiva y que no conseguíamos nada; que ya no teníamos más recursos, ya no nos quedaban más opciones. Lo habíamos hecho todo menos una huelga de hambre; era un grito desesperado”. Pensaban que lo único que podían hacer para romper el cerco mediático era algo así. Pero no es muy optimista. Piensa que será muy difícil que esto salga a la luz pública. Por el chantaje de la publicidad, dice, pero no sólo por eso. También por los vínculos entre los ejecutivos de las grandes empresas y los de los medios de comunicación [2] 

La debilidad a la que hace referencia Carlos se aprecia claramente si se analiza el contexto estratégico del conflicto. La empresa realizó dos despidos por bajas médicas justificadas antes de la negociación del convenio, en el que quería conseguir un ERE de unas 6000 personas. Y en la negociación del convenio la empresa consiguió su ERE, pero los sindicatos no fueron capaces de conseguir que la empresa admitiera a esas dos personas a cambio. Eso en el mismo año en que la empresa repartía dividendos récord a sus accionistas. Si los sindicatos no pueden conseguir en una negociación intercambiar 6000 despidos por 2 personas contratadas en una empresa millonaria, algo estamos haciendo mal. 

Los objetivos de la huelga 
Cuando le pregunto a Carlos por los objetivos de la huelga me habla de objetivos colectivos. Quiere que salga en todos los medios de comunicación “que se están haciendo animaladas”, “que con la excusa de la crisis le están diciendo a todo el mundo laboral que calles, que obedezcas y que asumas y nada más (…) que es o la precariedad total o el paro, esas son las dos únicas vías que te dejan”. Y Carlos cree que eso es totalmente mentira, totalmente falso. Puede entender que haya empresas que tengan verdaderos problemas, empresas pequeñas que tengan que hacer recortes. Pero piensa que muchas empresas lo único que buscan es más beneficios o mantener un nivel de beneficios en épocas en las que no pueden hacerlo. Empresas, afirma, que deberían, en vez de destruir empleo, crear empleo. “Y en la mayoría de las grandes empresas – dice - empresas multinacionales, empresas medianas, están echando fuera a la gente para poder volverlas a contratar más baratas y eso lo vemos y lo vivimos todos.” Se refiere a la subcontratación. Una empresa subcontrata a otra, y esa a otra y esa a otra más, y esa acaba contratando a una persona en condiciones laborales precarias e indignas. 

“Y el mundo laboral”- dice Carlos – “tiene que despertar, la gente tiene que saber que no es cierto que tengamos que tragar con todo. Tenemos unas leyes que ni siquiera respetan y luego tenemos unas leyes que tenemos que cambiar, como la del caso que nos ocupa. No puede haber gente que por estar enferma se vaya a la calle. Eso no cabe en ninguna cabeza, más que en la de ellos y la gente no puede asumir eso.” 

Cuando le pregunto qué es lo que siente ante la actitud de la empresa me dice que siente rabia; que indignación es poco para lo que está pasando y lo que más le duele es que digan que es normal, que con el contexto que tenemos es normal y que lo tienen que hacer.. Y también le da rabia porque piensa que no acabamos de reaccionar porque en realidad no sabemos, no nos creemos lo que está pasando. Y no sabemos lo que está pasando porque los medios de comunicación cuentan una determinada interpretación de lo que ocurre. Infunden miedo a la población les cuentan que tienen que asumir lo que hay, o eso o serán unos marginados de la sociedad. Ve como la gente, asustada, está esperando un cambio, que las cosas mejoren. “Y no se dan cuenta”- dice “que si en algún momento llega a haber una mejoría será porque hay gente organizada, una minoría, que está luchando por ello.” 

Cuestión de ideología

El círculo se cierra. Las palabras de Carlos parten de la obsesión porque su discurso se cuele en los medios de comunicación y se cierran con la crítica al discurso que transmiten los medios de comunicación. La batalla es en realidad ideológica, discursiva. Recuerdo también las palabras de Erich Toussaint la primera vez que lo escuché hablar sobre la crisis de la deuda: “nuestro principal problema son los medios de comunicación”. 

Los medios de comunicación están transmitiendo una determinada interpretación del mundo. Una determinada manera de entender las relaciones sociales y una manera determinada de articular la economía con el resto de esferas de la sociedad. El discurso que justifica que se despidan trabajadores porque son caros o porque “no son rentables” considera que el mercado laboral es un mercado como cualquier otro y que la oferta (mano de obra) y la demanda (puestos de trabajo) se ajustarán y llegarán a un equilibrio si se eliminan ciertas imperfecciones del mercado (salarios mínimos, sindicatos, contratos indefinidos). La mano de obra se considera una mercancía y el intercambio entre trabajo y salario y un intercambio libre y en condiciones de igualdad. Este es el argumento de la economía que enseñan en las universidades y que se considera una ciencia exacta. Este es el discurso dominante y cualquier actitud enmarcada en este discurso tendrá más credibilidad en los medios de comunicación. 

Esta ideología, neoliberal, se enfrenta a otra en estos momentos minoritaria. Otra que considera que el trabajo no es una mercancía, sino una capacidad que nos ha convertido en lo que somos como género humano. Considera que el intercambio de trabajo por salario no es un intercambio libre, ni justo ni en condiciones de igualdad. Los trabajadores venden su fuerza de trabajo porque no tienen ninguna otra opción de ganarse la vida, una vez desposeídos de los bienes colectivos preindustriales. Los capitalistas no pagan todo lo que vale la fuerza de trabajo, se quedan con una parte de su valor y, además, se quedan con lo que producen los trabajadores y trabajadoras. Este discurso entiende las relaciones en términos de lucha de clases, un concepto que el discurso dominante quiere absolutamente desterrado de la opinión pública. 

La lucha de clases 
Ayer escuchaba en la radio como una comentarista hablaba en términos de conflicto de clases haciendo referencia a la encuesta según la cual la mitad de los ciudadanos del estado español siente que ha descendido de clase social. Otro de los comentaristas mostraba su estupor y rechazaba hablar en términos de lucha de clases, ese concepto obsoleto. Tienen mucho miedo a ese concepto, porque tiene mucha fuerza. Si consiguen mantenerlo fuera del esquema interpretativo de la sociedad, conseguirán que el miedo, la indignación, la rabia se canalice hacia cualquier otro lugar que no ponga en peligro su situación de privilegio. Si mantienen el concepto de lucha de clases alejado de la mente de las personas lucharemos contra las personas individuales como animales, por la supervivencia. Sin embargo, si conseguimos que la realidad se interprete en términos de conflicto de clases. Las personas se organizarán con otras personas fraternalmente para impedir que le roben su dignidad y dirigirán su rabia, no a otras personas como individuos, sino contra los privilegios de una clase que representa a la minoría de la población. 


[1] Estas reflexiones personales son fruto de una entrevista en profundidad realizada a Carlos, uno de los huelguistas de cara a realizar un futuro trabajo de investigación sociológica.
[2] Artículo sobre censura corporativa publicado en Attac Madrid http://www.attacmadrid.org/d/5/041221103748.php

sábado, 3 de noviembre de 2012

Usted no es rentable


Nos lo quitan todo,
nos roban el producto de nuestro trabajo,
nos impiden que decidamos cómo realizarlo,
enajenan nuestra humanidad y nos convierten en factores de producción,
representables en gráficas,
que, dicen, no son rentables.

martes, 30 de octubre de 2012

¿Por qué una huelga de hambre en Telefónica Movistar?

5 de novembre vaga de fam a Telefònica. from @claudxxxa on Vimeo


 
El 4 de febrero de 2011, Telefónica hizo un comunicado vergonzoso a un trabajador y una trabajadora de Telefónica, Marcos y Mª Cruz, les comunicó que "no eran rentables" y, sin previo aviso, los dejó sin trabajo porque habían estado enfermos con baja médica justificada.

La carta de rescisión de contrato decía textualmente: “dadas las circunstancias y teniendo en cuenta que sus reiteradas ausencias aun justificadas a su puesto de trabajo hacen que su prestación de servicios no resulte rentable por las sucesivas interrupciones en la prestación de su trabajo, es por lo que no existe otra solución que la decisión adoptada de resolver su contrato de trabajo”.

Sin embargo, algunos días después de comunicar a los trabajadores despedidos que no eran rentables, el comité de Dirección de la Empresa hizo otro comunicado vergonzoso, esta vez a sus accionistas. El 23 de febrero en la prensa se podía leer que a pesar de la crisis, “los accionistas de Telefónica estaban de enhorabuena”. El consejo de administración de la MNC había decidido premiar su confianza con un reparto récord de dividendos. La empresa abonaría a sus accionistas 7.300 millones de euros a sus accionistas, “el mayor pagado por una empresa española”

La decisión de despedir a dos personas por haber estado algunos días de baja médica justificada en una empresa con semejantes beneficios es un fiel reflejo de cómo funciona nuestra sociedad actual: se menosprecia el trabajo de las personas y se remunera de forma obscena la inversión de capital y la especulación bursátil. ¡Indignante!


Los despidos de Marcos y Mª Cruz no fueron disciplinarios. Marcos y Mª Cruz no habían faltado a sus deberes contractuales sino que habían tenido una mala racha de salud. ¿Cómo puede una empresa millonaria despedir por enfermedad a sus trabajadores?

Los despidos por bajas médicas justificadas sólo pueden entenderse si tenemos en cuenta el contexto estratégico: la celebración de elecciones sindicales y la negociación de un convenio en el que Telefónica quería incluir un ERE.

Quien tomara la decisión sabía perfectamente el impacto que tendría esa noticia entre la plantilla. Necesitaban crear un clima determinado que favoreciera un voto conservador en las elecciones; necesitaban extender el miedo, por la inseguridad ante el futuro, para hacer que los trabajadores consideren el ERE como la mejor de las salidas posibles. 

Los EREs que CCOO, UGT y STC-UTS han firmado son, sin duda, una buena salida individual pero son una irresponsabilidad desde el punto de vista colectivo. En 1992 Telefónica tenía una plantilla de unas 75.000, ahora la plantilla es de cerca de 20.000 personas. En los últimos 20 años, Telefónica, en una época de crecimiento económico, y con la connivencia de CCOO y UGT ha destruido 50.000 empleos dignos mientras ha creado más de 100.000 empleos precarios. 

Esta política laboral, en una empresa millonaria es una política antisocial en la línea de las políticas neoliberales que nos han llevado a la crisis global que estamos sufriendo. Y la empresa sólo puede realizar esta política antisocial con una plantilla cada vez menos numerosa, que no reacciona ante las agresiones individuales o colectivas. 



sábado, 6 de octubre de 2012

De la indignación a la ciberacción: también en Telefónica


Cada año Telefónica convoca a sus empleados a mostrar su solidaridad participando en el Día del Voluntario de la Fundación Telefónica. Un evento con el que, según la multinacional, “quiere dar un paso más en el compromiso con la sociedad a través de la solidaridad y el esfuerzo de todos los que forman parte de la compañía”. En esta edición, la empresa invitaba a los y las trabajadoras a “inscribirse en el Día Internacional del Voluntario de Telefónica y, así, poner su voluntad a transformar el mundo”.


El discurso solidario de la empresa resulta llamativo si se tiene en cuenta que desde su privatización, y con la connivencia de CCOO y UGT, Telefónica ha destruido 50.000 puestos de trabajo digno – en 1992 la plantilla era de unas 70.000 personas y ahora es de unas 20.000. Esos puestos de trabajo, sin embargo, no han desaparecido, sino que se han transformado en empleo precario. Telefónica no tiene 20.000 trabajadores y trabajadoras, sino cerca de 200.000 personas en todo el mundo trabajando en condiciones lamentables para enriquecer las arcas de su accionariado. 

A principios de febrero de 2011 Telefónica despidió a un trabajador y a una trabajadora (Marcos y Mª Cruz) por bajas médicas justificadas – por haber estado poco más de 20 días enfermos en un año. Jugaron con las vidas de sus empleados como quien juega al ajedrez. Necesitaban extender el miedo en la plantilla para conseguir que los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT volviesen a pactar un ERE. Necesitaban infundir miedo en la plantilla para favorecer un voto conservador ante las inminentes elecciones sindicales. Así, despidió a Marcos y Mª Cruz diciéndoles que no eran rentables en el mismo mes en que la empresa anunció dividendos récords para su accionariado: 7.300 millones de euros, excedentes que antes hubieran sido de acumulación pública y ahora son de acumulación privada. (http://economia.elpais.com/economia/2011/02/23/actualidad/1298449983_850215.html )


Esos directivos con MBA que jugaron con las vidas de esas dos personas, escogidas puede que al azar entre los que habían estado enfermos ese año, pensaron en el miedo como respuesta, pero seguramente se les pasó por alto la indignación. Una indignación que se canalizó en una lucha en la calle y otra en los juzgados por la readmisión de Marcos y Mª Cruz. La sentencia del juicio de Mª Cruz fue despido improcedente y la de Marcos despido nulo, por su actividad sindical. Marcos volvió al trabajo y sus compañeros y compañeras vivieron esa vuelta como una victoria de todos y todas, esa victoria que tanto se necesitaba para mantener vivas las fuerzas. Pero la empresa no aceptó tener que volver a admitir a Marcos, recurrió y la segunda sentencia cayó como un jarro de agua fría: “improcedente”. El aparato legal burgués tiene esas cosas, que aunque la justicia diga que “el despido no procede” es la empresa quien tiene el poder de decidir. Y Marcos fue nuevamente expulsado del trabajo.

Este es sólo un ejemplo de los miles que podrían contar las casi 200.000 personas que trabajan subcontratadas para Telefónica, ahora llamada Movistar. Si esas personas tuvieran voz en los medios, podrían desmontar las hipocresía del “discurso solidario” de la poderosa multinacional. Pero no tienen voz porque, además, Telefónica ejerce un control absoluto de las noticias que se publican sobre la empresa mediante el chantaje de la publicidad.


Sin embargo, este Día del Voluntario de Telefónica ha sido diferente. La indignación ante los abusos de la dirección de la empresa ha calado fondo y ha reactivado la lucha, que se ha iniciado con una ciberacción y que, según CO.BAS y En Construcció, seguirá con todo tipo de acciones de denuncia durante los próximos meses. Las y los que siguen luchando por la justicia social en la empresa, no sólo por Marcos, sino por todos y todas las trabajadoras, han conseguido que este Día del Voluntario la misma empresa se haya convertido en altavoz de sus propios abusos.



El sindicalismo alternativo se ha colado en los medios corporativos para denunciar la “doble moral”. Ayudados por organizaciones sindicales alternativas externas a la empresa, organizaciones políticas de la izquierda radical, movimientos sociales y personajes públicos comprometidos socialmente, el sindicalismo alternativo de Telefónica ha ocupado por completo desde las 9h a las 12h el hashtag (HT) que la empresa había publicado para ese día, #TelefónicaVday. Además, durante el todo del día también han ido apareciendo mensajes exigiendo la readmisión de Marcos con el HT #marcosreadmisión en la página web de la Fundación Telefónica, que publica de forma automática la cronología de su twitter.


El discurso solidario de Telefónica indigna no sólo porque es falso, sino sobre todo porque es perverso. En primer lugar porque al invitar a “poner la voluntad a transformar el mundo” pretende hacer creer a los y las trabajadoras que el mundo se puede transformar a base de actos caritativos puntuales. Y en segundo lugar, porque pretende que los y las trabajadoras adopten el concepto de “solidaridad social” según lo define la empresa. Un tipo de “solidaridad” muy particular que transforma derechos sociales básicos en caridad y que se enfrenta completamente al concepto de “solidaridad” definida como “sentimiento de unidad basado en metas o intereses comunes”. El interés de una multinacional millonaria que destruye empleo digno para crear un ejército de trabajadores y trabajadoras precarias nunca puede ser el mismo que el de los trabajadores que trabajan para esa empresa.


.

sábado, 1 de septiembre de 2012

La clase para sí

El otro día, una amiga que tiene con otros socios una pequeña empresa, me expresaba su miedo ante la subida del IVA. Habían pensado no repercutirlo y asumirlo ellos para no perder clientela, pero no pueden hacerlo, porque inmediatamente entrarían en pérdidas. Me decía que estaba convencida de que el gobierno no sabe el daño que va a hacer a las pequeñas empresas con esta medida. Yo le decía, "sí lo saben, lo saben perfectamente. Recuerda que ellos tenían una campaña contra la subida del IVA del PSOE".


La subida del IVA, junto con el resto de medidas de ajuste, pone en una situación muy crítica a la clase trabajadora. Este empeoramiento de condiciones hace que cada vez más personas asalariadas dejen de pensar que son "de clase media" y empiecen a darse cuenta, no sólo de que no son de clase media, sino de que nunca lo habían sido. Ahora les toca reubicarse y, con un poco de suerte, se identificarán con la clase objetiva a la que pertenecen.

Sin embargo, la situación también es muy crítica para autónomos y pequeñas empresas, quizá hasta medianas, que están experimentando una drástica disminución de sus ingresos con las medidas que tomó el PSOE y ahora toma el PP. No sólo el IVA, también la reducción salarial y las reformas laborales que facilitan los despidos afectan muy negativamente a autónomos y PYMES. Este tipo de empresas no exportan, su demanda es interna, su demanda es nuestro poder adquisitivo. Son esas empresas a las que dejaremos de comprar cuando nos despidan, cuando nos bajen el salario, cuando nos suban el IVA. Son esas empresas las que se hundirán detrás de nosotros. Pero a pesar de la fragilidad de su condición de "empresarios", ese sector de población lo tiene mucho más difícil para auto ubicarse en la clase a la que pertenecen objetivamente.

Recuerdo como días antes de la huelga general, repartiendo información sobre los motivos para sumarse, mucha gente rechazaba nuestra revista. Los conozco, son de mi ciudad, son propietarios de pequeños comercios, panaderías, peluquerías, ferreterías... que piensan que nuestra lucha es contra ellos. En especial recuerdo a un hombre que me miró con desprecio y me dijo que a él las medidas del gobierno del PP le beneficiaban y que la huelga iba en contra de sus intereses y que, por supuesto, le perjudicaría cualquiera de nuestros logros. Le dije: ¿Estás seguro? Tú debes de tener una pequeña empresa, o ser autónomo, ¿no? Me dijo que sí, pero no quiso hablar más. No pude explicarle por qué esta crisis le iba a hundir.

En realidad el tema de la clase es muy complejo y los sociólogos han debatido y debaten sin cesar sobre el concepto de clase. Cuando hablamos de clase social, hay que diferenciar entre "clase subjetiva" y "clase objetiva". La clase subjetiva es la clase que nos auto asignamos y la clase objetiva es la clase a la que en realidad pertenecemos (lo sepamos o no). Es importante descubrir cuál es nuestra clase objetiva y hacerla coincidir con la clase subjetiva porque sólo entonces sabremos reconocer a nuestros aliados para luchar por nuestros derechos sociales, por una vida digna. Quizá autónomos y PYMES no puedan descubrir a qué clase pertenecen porque el capitalismo actual lo ha fragmentado todo; sin embargo, creo que no tendrán dificultad en descubrir a qué clase no pertenecen. No pertenecen al 1% y si quieren una vida digna para ellos y sus hijos, más vale que escojan mejores "amistades".

Me frustra que esto lo vayan a leer sólo los que afortunadamente, por una vía o por otra, hemos realizado ya ese proceso de toma de conciencia. Pero, por si acaso algún día lee este blog alguno de los que aún creéis que estas medidas nos van a sacar de la crisis, sabed que el capitalismo no os necesita como seres humanos con vida digna, sino que os puede poner aquí.

viernes, 20 de julio de 2012

19J


Resaca de emociones tras la manifestación de ayer. Es curioso como la indignación, el miedo al futuro, la ira se transforma en ese sentimiento de alegría, de comunión cuando estás con muchas otras personas que comparten todos esos mismos sentimientos, cada una a su manera. No sé de dónde surge entonces la esperanza, el optimismo, la fuerza. Esa sensación de que sí podemos cambiar las cosas. Esa ilusión, quizá no tan ilusa, de que ese pequeño granito de arena crecerá y se hará montaña. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo convencer a los tercos, esa mayoría cabezota que espera aún que una elite ilustrada la salve de su ruina?

Cuando lees historia te asustas de lo mucho que se repite. Las noticias sobre la deuda y los recortes disparan en mi mente imágenes de la Revolución Francesa. El Estado endeudado trata de sangrar a sus ciudadanos para pagar una deuda que no ha contraído el pueblo. Las noticias sobre el paro, la indignación que no acaba de decantarse, me alerta sobre la posibilidad de que surja de algún lado, de algún lado del PP, un líder lo suficientemente carismático como para arrastrar a las masas hacia posiciones fascistas.

Pero también esas noticias, esas cosas reales que aparecen en los medios como si no lo fueran, me traen imágenes de nuestro futuro. Un futuro transversal, que ocupa presente y pasado. Presente porque puedo verlo ahora en África, en los slums y demás lugares empobrecidos de todo el mundo…; pasado porque allí la situación de terror social se reproduce desde la colonización.

Resulta tan difícil de explicar a la gente que el capitalismo regulado, ese con el que todavía sueñan, el capitalismo con rostro humano, no es más que un breve episodio histórico. Y si he dicho antes que la historia se repite, ¿por qué no habría de repetirse ese sueño? Pues porque para repetirse deberían darse condiciones similares a las del contexto que lo produjo: el miedo a la revolución. La URSS suponía una alternativa creíble al sistema capitalista y para evitar la revolución en casa había que ceder terreno. ¿Hay ahora miedo a la revolución? No, todavía no.

Entonces, para los que piensan que el Sistema de Bienestar puede reconstruirse, la mejor opción estratégica es apuntarse al carro revolucionario. Aumentar las filas rupturistas hasta que los capitalistas consideren que la amenaza es real. Pero no valen las medias tintas, si notan la menor posibilidad de llevarles a la zona reformista, busquen chabola. Pero si se consigue volver a ese momento histórico tan especial, cuidado, porque al menor despiste la historia volverá a poner a los capitalistas en el sitio que ellos creen merecer.

Pero esta postura revolucionaria en realidad no me gusta. No me gusta porque es la postura de quien se mira su propio ombligo. Mientras duró nuestro capitalismo dorado, su rostro humano solo miraba hacia una pequeña parte del Planeta. En parte no está mal que haya dejado de mirarnos porque así podemos comprender cómo han vivido durante todo este tiempo en el resto del Planeta, sentir ese miedo al futuro propio, al futuro de los hijos. Pero solo no estará mal si somos capaces de utilizar esta comprensión para despertar realmente del sueño reformista.