Cada año Telefónica convoca a sus
empleados a mostrar su solidaridad participando en el Día del Voluntario de la
Fundación Telefónica. Un evento con el que, según la multinacional, “quiere dar
un paso más en el compromiso con la
sociedad a través de la solidaridad y el esfuerzo de todos los que forman
parte de la compañía”. En esta edición, la empresa invitaba a los y las
trabajadoras a “inscribirse en el Día Internacional del Voluntario de Telefónica
y, así, poner su voluntad a transformar
el mundo”.
El discurso solidario de la
empresa resulta llamativo si se tiene en cuenta que desde su privatización, y
con la connivencia de CCOO y UGT, Telefónica ha destruido 50.000 puestos de
trabajo digno – en 1992 la plantilla era de unas 70.000 personas y ahora es de
unas 20.000. Esos puestos de trabajo, sin embargo, no han desaparecido, sino
que se han transformado en empleo precario. Telefónica no tiene 20.000 trabajadores
y trabajadoras, sino cerca de 200.000 personas en todo el mundo trabajando en
condiciones lamentables para enriquecer las arcas de su accionariado.
A principios de febrero de 2011
Telefónica despidió a un trabajador y a una trabajadora (Marcos y Mª Cruz) por
bajas médicas justificadas – por haber estado poco más de 20 días enfermos en
un año. Jugaron con las vidas de sus empleados como quien juega al ajedrez.
Necesitaban extender el miedo en la plantilla para conseguir que los sindicatos
mayoritarios CCOO y UGT volviesen a pactar un ERE. Necesitaban infundir miedo
en la plantilla para favorecer un voto conservador ante las inminentes
elecciones sindicales. Así, despidió a Marcos y Mª Cruz diciéndoles que no eran
rentables en el mismo mes en que la empresa anunció dividendos récords para su
accionariado: 7.300 millones de euros, excedentes que antes hubieran sido de acumulación
pública y ahora son de acumulación privada. (http://economia.elpais.com/economia/2011/02/23/actualidad/1298449983_850215.html )
Esos directivos con MBA que
jugaron con las vidas de esas dos personas, escogidas puede que al azar entre
los que habían estado enfermos ese año, pensaron en el miedo como respuesta,
pero seguramente se les pasó por alto la indignación. Una indignación que se
canalizó en una lucha en la calle y otra en los juzgados por la readmisión de
Marcos y Mª Cruz. La sentencia del juicio de Mª Cruz fue despido improcedente y
la de Marcos despido nulo, por su actividad sindical. Marcos volvió al trabajo
y sus compañeros y compañeras vivieron esa vuelta como una victoria de todos y
todas, esa victoria que tanto se necesitaba para mantener vivas las fuerzas.
Pero la empresa no aceptó tener que volver a admitir a Marcos, recurrió y la
segunda sentencia cayó como un jarro de agua fría: “improcedente”. El aparato
legal burgués tiene esas cosas, que aunque la justicia diga que “el despido no
procede” es la empresa quien tiene el poder de decidir. Y Marcos fue nuevamente
expulsado del trabajo.
Este es sólo un ejemplo de los
miles que podrían contar las casi 200.000 personas que trabajan subcontratadas
para Telefónica, ahora llamada Movistar. Si esas personas tuvieran voz en los
medios, podrían desmontar las hipocresía del “discurso solidario” de la
poderosa multinacional. Pero no tienen voz porque, además, Telefónica ejerce un control
absoluto de las noticias que se publican sobre la empresa mediante el chantaje de
la publicidad.
Sin embargo, este Día del Voluntario de Telefónica ha sido diferente.
La indignación ante los abusos de la dirección de la empresa ha calado fondo y
ha reactivado la lucha, que se ha iniciado con una ciberacción y que, según
CO.BAS y En Construcció, seguirá con todo tipo de acciones de denuncia durante
los próximos meses. Las y los que siguen luchando por la justicia social en la
empresa, no sólo por Marcos, sino por todos y todas las trabajadoras, han conseguido
que este Día del Voluntario la misma empresa se haya convertido en altavoz de
sus propios abusos.
El sindicalismo alternativo se ha colado en los medios
corporativos para denunciar la “doble moral”. Ayudados por organizaciones
sindicales alternativas externas a la empresa, organizaciones políticas de la izquierda radical,
movimientos sociales y personajes públicos comprometidos socialmente, el sindicalismo alternativo de Telefónica ha ocupado por completo desde las 9h a
las 12h el hashtag (HT) que la empresa
había publicado para ese día, #TelefónicaVday. Además, durante el todo del día
también han ido apareciendo mensajes exigiendo la readmisión de Marcos con el
HT #marcosreadmisión en la página web de la Fundación Telefónica, que publica
de forma automática la cronología de su twitter.
El discurso solidario de
Telefónica indigna no sólo porque es falso, sino sobre todo porque es perverso.
En primer lugar porque al invitar a “poner la voluntad a transformar el mundo”
pretende hacer creer a los y las trabajadoras que el mundo se puede transformar
a base de actos caritativos puntuales. Y en segundo lugar, porque pretende que
los y las trabajadoras adopten el concepto de “solidaridad social” según lo
define la empresa. Un tipo de “solidaridad” muy particular que transforma
derechos sociales básicos en caridad y que se enfrenta completamente al
concepto de “solidaridad” definida como “sentimiento de unidad basado en metas
o intereses comunes”. El interés de una multinacional millonaria que destruye
empleo digno para crear un ejército de trabajadores y trabajadoras precarias
nunca puede ser el mismo que el de los trabajadores que trabajan para esa
empresa.
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