viernes, 21 de diciembre de 2012

Una Marea Azul contra los despidos



[En català]
El martes 18 de diciembre la indignación de los trabajadores y trabajadoras de Telefónica por la política laboral inhumana de la empresa, volvió a ocupar las calles. La marea azul se extiende y, esta vez el grito contra los despidos por bajas médicas justificadas en Telefónica se dejó oír en diversos puntos del estado español, con concentraciones en Bilbo, Girona, Madrid, Granada, entre otras ciudades.
En Barcelona la acción consistió en un nuevo Flashmob Sí, soy Rentable, el Flashmob 2.7. Unas 150 personas paramos el tráfico de la Pza. Francesc Macià en formación silenciosa durante diez minutos, bajo la mirada vigilante de los antidisturbios, y vestidas con la que hemos hecho insignia de nuestro movimiento, la camiseta azul. Esta vez un nuevo símbolo era protagonista, un símbolo que ha nacido en el desarrollo de la lucha y que a partir de ahora mostraremos orgullosamente: un Stop Despidos azul – está claro, señores directivos, queremos apropiarnos del color de Movistar para devolverle la dignidad que sus políticas le están robando. Queremos que el azul no sea el color de un modelo empresarial socialmente nocivo, sino que sea un color para la esperanza, como lo es el verde de la PAH, el blanco de la sanidad o el amarillo de la educación.

El Flashmob del 18D estaba convocado frente al edificio del Grupo Godó para denunciar la censura mediática que impone Telefónica-Movistar mediante el chantaje de la publicidad y que ha hecho que una huelga de hambre de 23 días en una empresa clave en el estado español fuese totalmente ignorada. De ahí que, cuando al acabar el flashmob bajó una periodista de la La Vanguardia a entrevistarnos, una emoción casi infantil reforzó la alegría habitual con la que cerramos las acciones. Esa emoción nos llevó, una vez conquistada La Vanguardia, a dirigirnos a Catalunya Ràdio, donde conseguimos nuestra segunda victoria: otra periodista salió a entrevistarnos.

No sabemos qué pensarían los activistas del movimiento obrero del S. XIX de que sus sucesores de lucha celebremos “con ilusión” ser entrevistados por uno de los diarios más influyentes de la burguesía catalana. También sería muy interesante saber qué acontecimientos consideraba el movimiento obrero en el S.XIX como victorias parciales emocionantes: “dime qué considerar una victoria parcial emocionante en la lucha social y te diré en qué capitalismo vives”

En nuestro capitalismo de la sociedad de la información, quien no sale en los medios de comunicación de masas no existe. En el capitalismo global en crisis, un despido no es noticia. La noticia es la tasa pero no nos permiten que la noticia sea el drama de cada nueva persona que es expulsada del mercado laboral. Las personas aceptan los despidos como un mal necesario que les ha tocado sufrir por el bien de un sistema económico en vías de recuperación, según el discurso dominante. Este discurso se refleja en los comentarios de twitter de un periodista de la prensa económica que se quejaba ofendido de que hubiésemos conseguido hacer noticia de un “vulgar improcedente: “Estamos hablando de un improcedente absolutamente vulgar y nada noticioso que se ha hecho popular por un hashtag bien pensado”, decía el periodista.

Mientras nos dirigíamos a Catalunya Ràdio a visibilizar nuestro despido - porque Marcos somos todos- una compañera de luchas que no trabaja en Telefónica pero que había venido a dar apoyo nos explicaba que la acababan de despedir. El abogado me ha dicho – decía sonriente y bromeando – que ahora sois vosotros de Telefónica los que tendréis que venir a ayudarme a mí. Sin embargo, esa afirmación cargada de deseo, de ningún modo debería ser una broma. El capitalismo ha conseguido durante todos estos años fragmentar el mercado de trabajo de forma que los trabajadores y trabajadoras no podamos organizarnos para defender nuestro derecho a trabajar. Ha conseguido desarticular el apoyo mutuo.

A esta compañera que había venido a solidarizarse con los y las trabajadoras de Telefónica la han despedido de una empresa donde ella era la única trabajadora. No ha tenido la fortuna de ir a parar a una empresa como Telefónica, donde los y las trabajadoras disfrutamos de condiciones laborales dignas gracias a la lucha de generaciones anteriores; con una plantilla de más de 20.000 trabajadores, donde si despiden a una trabajadora, hay centenares de compañeros y compañeras que potencialmente pueden luchar por la readmisión. Los directivos de Telefónica, educados en la economía neoliberal, son conscientes de esa fuerza del número y la unidad; por eso, entre otras estrategias de fragmentación, han invertido mucho esfuerzo y dinero en conseguir reducir la plantilla de más de 70.000 trabajadores a 20.000. Disminuir y fragmentar la plantilla es un objetivo clave para poder desarticular el movimiento obrero dentro de la empresa; para poder impedir que hagamos acciones como la del 18D en Barcelona, coordinada con otras ciudades del estado.

Nosotros todavía somos suficientes para reunir las fuerzas y el talento necesario para presionar y presionar hasta que el despido de Marcos (y de Mari Cruz) se convierta en noticia, y de noticia, si todo va bien, en readmisión. Pero como trabajadores y trabajadoras, como personas, no podemos cerrar los ojos a lo que pasa fuera de nuestra empresa. Tenemos dos responsabilidades: luchar contra las políticas neoliberales en Telefónica y ofrecer todo nuestro apoyo a los y las trabajadoras que están en la parte del mercado laboral más castigada. Es necesario que trabajemos dura y cooperativamente para que nuestro nuevo símbolo, Stop Despidos, no sea sólo una consigna, sino una realidad social.