sábado, 6 de julio de 2013

Entrevista a Óscar Murciano (CGT) sobre la huelga en HP, la más importante en el sector de las TIC

[En català]

La plantilla de Hewlett Packard lleva tres años intentando frenar las agresiones de una dirección empeñada en aprovechar las oportunidades que le brinda la ley para reducir costes laborales y poder mantener así sus beneficios a pesar de la crisis. A principios de junio de 2013 tuvo lugar un nuevo pulso entre los y las trabajadoras de HP, y la dirección de la multinacional. 

La huelga que sostuvieron los y las trabajadoras de HP del 3 al 10 de junio se considera la huelga más importante hasta la fecha en el sector de las TIC. La huelga, convocada como indefinida, fue la contundente respuesta al nuevo intento de agresión de la multinacional, que pretendía imponer a la plantilla recortes salariales de un 10% y modificaciones de las condiciones laborales mediante la aplicación del artículo 41 del Estatuto de los trabajadores, según el cual “la empresa puede acordar modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo para prevenir una evolución negativa de la empresa o mejorar la situación.” 
 Óscar Murciano es trabajador de HP y miembro de comité de empresa por CGT. También forma parte de la coordinadora Informática CGT, que está realizando una labor ejemplar aprovechando las oportunidades que brindan las redes sociales para la lucha sindical. Entrevisto a Óscar el 18 de junio, una semana después de la desconvocatoria de la huelga. El final de la huelga fue complicado. Se había conseguido evitar la reducción salarial pero muchos y muchas trabajadoras consideraban que había que seguir luchando para conseguir la retirada completa del paquete de medidas.
Pregunta: Óscar, ha transcurrido ya una semana desde el fin de la huelga. ¿Cómo está el ambiente en el centro de trabajo?
Óscar Murciano: El ambiente está muy tenso. Hoy mismo hemos recibido la visita en la planta de uno de los máximos directivos de la empresa. Nos ha reunido a todos, unas seiscientas personas, han intentado justificar las medidas, nos han dicho que no puede haber tanta conflictividad, que los sindicatos tienen que “ser responsables”, que tenemos que aceptar que “esto es lo que hay”, que esta huelga les ha hecho muchísimo daño...
P.: Hace años que estáis movilizados contra las agresiones de la empresa. ¿Cómo ha sido el proceso que os ha llevado a esta huelga?
O.M.: Durante los tres últimos años se ha ido generando un clima malestar intenso. Hemos tenido que soportar muchas injusticias. La empresa ya ha despedido a un total 260 personas y los trabajadores sienten que en cualquier momento pueden perder su trabajo. Los últimos despidos fueron en febrero, 60 personas. Volvimos a movilizarnos, hicimos manifestaciones, media jornada de huelga... Y la empresa respondió en mayo con una nueva agresión, intentando aplicar el artículo 41 para recortar salarios y empeorar las condiciones laborales. Entonces es cuando la gente dijo “basta ya” y fue cuando estalló la indignación.
P.: ¿Cómo valoras la huelga respecto a la participación?
O.M.: Cuando despidieron a las 60 personas en febrero se empezó a notar un cambio en la participación. Venía más gente a las asambleas. Las concentraciones y manifestaciones, pese a no ser masivas, empezaban tener más afluencia. La participación en la media jornada de huelga también fue bastante positiva.
Las asambleas que convocamos cuando nos comunicaron la aplicación del artículo 41 han sido de las más masivas que se han celebrado en HP. Hablamos con CCOO para decirles que desde CGT la única respuesta que veíamos posible era la huelga indefinida. Teníamos claro que teníamos que ir conjuntamente porque la falta de unión desmoraliza mucho a la plantilla. Aunque en nuestra empresa siempre han hecho un papel muy moderado,  CCOO y UGT son conscientes del cambio de actitud de los trabajadores y trabajadoras, así que no se negaron. La propuesta de huelga indefinida se aprobó mediante voto secreto por un 90% en una las mayores asambleas que hemos vivido, de unas cuatrocientas personas.
El primer día de huelga fue muy emocionante ver cómo iba viniendo más y más gente al piquete. Sabíamos que vendrían bastante trabajadores pero ver a 300 personas en un piquete impresiona. Sinceramente, [sonríe bromeando] yo no había visto nunca a un informático en un piquete. Además un nivel de combatividad muy fuerte. En fin, pasó como en el 15M, que vas tragando, te resignas... Pero llega un momento en que la indignación explota y eso fue lo que pasó en HP.
El resto de días continuaba viniendo mucha gente. Cada día decidíamos en las asambleas qué íbamos a hacer el día siguiente. Nos planteábamos la huelga indefinida como un “vamos a hacer cosas y a aguantar un día más”. Un día nos íbamos a Barcelona a la sede de clientes, otro nos íbamos al Parlament de Catalunya, donde nos esperaban algunos diputados que nos apoyaban. Íbamos cambiando, proponiendo acciones o actividades para evitar que la rutina nos desmovilizara.
Una de las partes más bonitas es que, después de estar muchas horas juntos, ibas a tomar una cerveza y veías los bares llenos de grupos de gente de HP. Se ha hecho más grupo en esta semana que en diez años, porque en HP la gente cuando acaba la jornada laboral coge el coche y se va a su casa.
P.: ¿Cómo ha sido el proceso de negociación con la empresa? ¿Y cómo se llegó a la desconvocatoria sin la retirada completa de las medidas?
En el proceso ha habido muchísima tensión. La actitud de los y las trabajadoras era muy tajante. Exigían la retirada completa del paquete de medidas. Durante el proceso de negociación con la empresa, CCOO y UGT mostraron su disposición a pactar, a aplicar la “lógica del mal menor” aceptando reducción de salarios en escalas salariales altas, por ejemplo. Sin embargo, a medida que avanzaba la huelga, las posturas de los y las trabajadoras se hacía más firme y eso presionaba a CCOO y UGT para no pactar.
La desconvocatoria ha sido muy polémica y ha dejado un sabor agridulce. Una vez conseguida la retirada de la rebaja salarial, CCOO propuso que la continuidad o desconvocatoria se pudiera votar por email. Su argumento era que hay muchos centros a donde es muy difícil llegar, así que se aceptó la propuesta. Sin embargo, nos dimos cuenta de que eso abría la puerta a que pudiesen votar también gerentes y directivos, así que nos lo replanteamos y sometimos a votación de las asambleas si aceptábamos el voto por correo electrónico. En las asambleas de Barcelona y Zaragoza se votó en contra, así que allí no contabilizamos el voto por email. Sin embargo, CGT no está en Madrid, y allí, que sí se aceptó, el resultado fue apabullante en contra de la huelga. En los centros de Zaragoza y Sant Cugat los y las trabajadoras votaron a favor de continuar la huelga, pero la diferencia de Madrid desequilibró la balanza a nivel estatal.
CCOO y UGT rápidamente comunicaron la desconvocatoria de huelga. Era viernes y muy tarde, así que decidimos esperar y convocar asambleas para comunicar que considerábamos que la empresa había intervenido en la decisión de los trabajadores y permitir que las asambleas pudieran tomar una decisión en base a esos acontecimientos.
Informamos de lo ocurrido, pero cuando lo explicamos nos dimos cuenta de que los ánimos se habían desinflado completamente. Había un núcleo de unas 300 personas con mucha fuerza, dispuestas a seguir. Pero sabíamos que con sólo 300 personas no podíamos seguir luchando, que no conseguiríamos nada más que frustración y quedar con la sensación de que aquello no tenía sentido. Estábamos haciendo huelga por una cuestión de dignidad y no tenía sentido si no la hacíamos todos.
P.: ¿Han salido los y las trabajadoras del proceso con confianza en la huelga como herramienta de lucha eficaz?
O.M.: Hemos salido con un regusto amargo porque se quería la retirada total, sin paliativos, y la gente era muy consciente de su poder y de su fuerza. Está bien, porque se ha conseguido evitar la reducción salarial pero se han firmado modificaciones importantes en cuanto a jornada laboral, en cuanto a disponibilidades.
Sin embargo, la sensación de que la huelga es efectiva es total. Pero con un matiz, la gente tiene claro que es eficaz la huelga indefinida. Yo creo que si planteásemos una huelga de un día no llegaríamos ni al 50% de participación. La gente considera que una huelga de un día no sirve para nada. Y hasta cierto punto, por lo menos en este sector, tienen razón.
La huelga indefinida ha supuesto un antes un después. Tanto en movilización y ganas de lucha, como en cuanto a conciencia. Era emocionante ver, por ejemplo, cómo los mismos trabajadores, sin que nosotros dijéramos nada, se iban a parar el tráfico. Cogían folios y se iban a parar el tráfico a la rotonda.
P.: ¿En un sector con un nivel tan alto de externalización, hasta que punto la huelga impacta en el servicio?
El problema es que nuestro trabajo es muy deslocalizable, apagan un interruptor y lo encienden en Bulgaria, literalmente. Algunos trabajos se pueden sustituir así, otros necesitan entrenamiento y les resulta más complicado. Pero cuando una plantilla, sobre todo en el sector de los servicios informáticos, se pone en huelga con un seguimiento superior al 85% no hay medida que pueda evitar el impacto.
Esa era una de las problemáticas que surgían cuando planteábamos la huelga a CCOO. Se resistían a convocarla porque argumentaban que con una subcontratación del 40% no habría afectación alguna. Sin embargo, nosotros estábamos convencidos de que si éramos muchos el impacto sería incuestionable. Y así ha sido.
Han caído varios sistemas; ha habido problemas prácticamente en la gran mayoría de clientes, de orden menor, y algunos de orden mayor. Pero los sistemas informáticos se aguantan porque hay muchísima gente trabajando en ellos, sino no se aguantan. Además HP trabaja para empresas claves del sistema: Gas Natural, RENFE, entidades financieras, Generalitat...
P.: Ha habido varias convocatorias de huelgas indefinidas en empresas TIC en pocos meses, ¿consideras que algo se está moviendo en el sector?
O.M.: Bueno, hay una dinámica de las empresas que consiste en descargar las presiones de los clientes sobre los trabajadores. Los trabajadores en este sector hasta ahora no estaban movilizados, tenían buenos sueldos, buenas condiciones. Pero ahora están viendo una cara de las empresas muy cruel y eso está causando una ebullición, otra manera de hacer las cosas.
Todo empezó con la huelga indefinida que convocó Capgemini. Eso generó un cambio, la convicción de que sí se puede. Ahora cuando las empresas anuncian medidas de ajuste, todo el mundo se plantea la huelga indefinida. Después quizá no se acabe convocando, pero siempre aparece como posibilidad. Ha ocurrido en Alten, donde empezó una huelga indefinida que duró dos días. También en Atos, donde se quería aplicar un artículo 41. Se convocó huelga indefinida en Barcelona y al final se retiró el artículo.
Además hay otra cosa y es que entre los informáticos siempre ha habido un mito. Siempre nos decíamos unos a otros: “Uy, el día que paremos todos aquí no se va a mover nada”. Pero, cuando haces un par de huelgas indefinidas como ésta, el mito se convierte en realidad. La gente se da cuenta de que es verdad, de que si paramos se para todo. Y entonces se contagia. Se está produciendo un efecto contagio, y ya veremos qué pasa porque aquí el sindicalismo institucional de CCOO y UGT está en una posición incómoda que no les gusta nada.
Siempre tienen un discurso muy moderado pero cuando las cosas se agitan tanto, cuando las cosas están mal, para la gente es un insulto que apelen a la responsabilidad. Y no lo decimos nosotros. Nosotros no hemos instigado a la gente. Eran los trabajadores quienes decían “hay que moverse” y nosotros les decíamos “pues claro que hay que moverse”. La gente está harta. Las asambleas de trabajadores hacían lo que querían. Llega un momento que toman el control y ya no toleran que sus representantes se muevan un milímetro de lo que han decidido en asamblea.
P.: Con la coordinadora informática CGT estáis haciendo un buen trabajo en la red. Sois ya un referente del movimiento obrero en las redes sociales. ¿Qué aportan al movimiento obrero las nuevas herramientas de comunicación?
O.M.: La movilización en la red tiene muchas dimensiones. Una de ellas, y muy importante es la difusión. Ya no necesitas, o necesitas menos, a los medios de comunicación porque muchísima gente se entera de lo que está pasando a través de las redes sociales. Si tienes un buen impacto en las redes sociales, sobre todo en nuestro sector, prácticamente ya da igual salir en el telediario o no. Todo el mundo en nuestro sector sabe lo que ha ocurrido en HP y apenas hemos salido en los medios.
Otra dimensión es la de ataque. Hay muchas maneras de presionar a la empresa. Puedes hacer presión con una huelga, con una manifestación, con cualquiera de las herramientas habituales. Las acciones en las redes sociales son otra forma de presión. Si hay un mínimo de solidaridad se pueden hacer acciones importantes. Es es una baza más que tenemos para el sindicalismo. Tenemos una baraja de instrumentos de presión y las redes sociales son uno más.
La tercera dimensión es que son un factor de aglutinamiento. Estamos muy dispersos. Los trabajadores cuanto más agrupados estemos mejor, más nos conocemos y más solidaridad se genera. Antes era muy sencillo  porque estábamos concentrados todos en grandes centros de trabajo. Pero ahora las plantillas son más precarias. Un día te echan de un centro de trabajo; otro día te trasladan a otro. El trabajo ya no lo hace una sola empresa, sino que está repartido entre muchas otras. Nos han fragmentado. Y si no reaccionamos, tenemos un debilitamiento sindical importante. Las redes sociales, de forma limitada, ayudan a conectar a gente que está separada físicamente. Mediante la red social gente con los mismos intereses entra en contacto. Es una herramienta para intentar mitigar un poco la individualización que produce la precariedad y la fragmentación en el trabajo.
Hay que analizar cada situación para saber como combinar esas tres dimensiones. Pero una cosa está clara, antes no estaban y hay que sacarles partido.
Fuente: http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article28621